[Unamuno: Lecture Notes]
SPA3: Miguel de Unamuno’s San Manuel Bueno, mártir
Lecture Handout by Dr Rosemary Clark
The falcon cannot bear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world.
W.B. Yeates: ‘The Second Coming’
Freud, Sigmund. The Interpretation of Dreams (1901)
Jurkevich, Gyana. The Elusive Self
1. Decíase que había entrado en el seminario para hacerse cura, con el fin de atender a los hijos de una su hermana recién viuda, de servirles de padre; que en el seminario se había distinguido por su agudeza mental y su talento y que había rechazado ofertas de brillante carrera eclesiástica porque él no quería ser sino de su Valverde de Lucerna, de su aldea perdida como un broche entre el lago y la montaña que se mira en él. (SMBM 16)
2. Su maravilla era la voz, una voz divina, que hacía llorar. Cuando al oficiar en la misa mayor o solemne entonaba el prefacio, estremecíase la iglesia y todos los que le oían sentíanse conmovidos en sus entrañas. Su canto, saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al pie de la montaña. Y cuando en el sermón de Viernes Santo clamaba aquello de: ‘¡Dios mío, Dios mío?, ¿por qué me has abandonado?’, pasaba por el pueblo todo un temblor hondo como por sobre las aguas del lago en días de cierzo de hostigo. Y era como si oyesen a Nuestro Señor Jesucristo mismo, como si la voz brotara de aquel crucifijo viejo a cuyos pies tantas generaciones de madres habían depositado sus congojas. Como que una vez, al oírle su madre, la de don Manuel, no pudo contenerse, y desde el suelo del templo, en que se sentaba, gritó: ‘¡Hijo mío!’. Y fue un chaparrón de lágrimas entre todos. Creeríase que el grito maternal habría brotado de aquella Dolorosa – el corazón traspasado por siete espadas – que había en una de las capillas del templo. (SMBM 18)
3. En el pueblo todos acudían a misa, aunque sólo fuese por oírle y por verle en el altar, donde parecía transfigurarse, encendiéndosele el rostro. Había un santo ejercicio que introdujo en el culto popular y es que, reuniendo en el templo a todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos y niños, unas mil personas, recitábamos al unísono, en una sola voz, el Credo: “Creo en Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra...” y lo que sigue. Y no era un coro, sino una sola voz, una voz simple y unida, fundidas todas en una y haciendo como una montaña, cuya cumbre perdida a las veces en nubes, era don Manuel. Y al llegar a lo de “creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable” la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba. (SMBM 19)
4. Salí de mi primera confesión con el santo hombre profundamente consolada. Y aquel mi termor primero, aquel más que respeto miedo, con que me acerqué a él, trocóse en una lástima profunda. Era yo entonces una mocita, una niña casi; pero empezaba a ser mujer, sentía en mis entrañas el jugo de la maternidad, y al encontrarme en el confesionario junto al santo varón, sentí como una callada confesión suya en el susurro sumisa de su voz y recordé cómo cuando, al clamar él en la iglesia las palabras de Jesucristo: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”, su madre, la de don Manuel, respondió desde el suelo: “¡Hijo mío!”, y oí ese grito que desgarraba la quietud del templo. Y volví a confesarme con él para consolarle. (SMBM 26; my emphasis)
sentía, sobre todo, la falta de mi don Manuel y como si su ausencia me llamara, como si corriese un peligro lejos de mí, como si me necesitara. Empezaba yo a sentir una especie de afecto maternal hacia mi padre espiritual. (SMBM 28)
5. no sé ya lo que me digo; no sé ya lo que me digo desde que estoy confesándome contigo. Y sí, sí, hay que vivir, hay que vivir [...] Y ahora, Angelina, en nombre del pueblo, ¿me absuelves?
Me sentí como penetrada de un misterioso sacerdocio y dije:
–En nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, le absuelvo, padre.
Y salimos de la iglesia, y al salir se me estremecían las entrañas maternales. (SMBM 38; my emphasis)
6. Si solo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres todos. San Pablo: 1 Cor., XV, 19. (Saint Paul’s letter to the Corinthians, New Testament)
7. En la noche de San Juan, la más breve del año, solían y suelen acudir a nuestro lago todas las pobres mujerucas, y no pocos hombrecillos, que se creen poseídos, endemoniados, y que parece no son sino histéricos y a las veces epilépticos, y don Manuel emprendió la tarea de hace él de lago, de piscina probática y tratar de aliviarles y si era posible curarles. Y era tal la acción de su presencia, de sus miradas y tal sobre todo la dulcísima autoridad de sus palabras y sobre todo de su voz – ¡qué milagro de voz! –, que consiguió curaciones sorprendentes. (SMBM 17)
8. Ahora que el Obispo de la diócesis de Renada, a la que pertenece esta mi querida aldea de Valverde de Lucena, anda, a lo que se dice, promoviendo el proceso para la beatificación de nuestro don Manuel, o mejor, San Manuel Bueno, que fue en ésta párroco, quiero dejar aquí consignado, a modo de confesión y sólo Dios sabe, que no yo, con qué destino, todo lo que sé y recuerdo de aquel varón matriarcal que llenó toda la más entrañada vida de mi alma, que fue mi verdadero padre espiritual, el padre de mi espíritu, del mío, el de Ángela Carballino. (SMBM 13; my emphasis)
9. He querido con estos recuerdos, de los que vive mi fe, retratar a nuestro don Manuel tal como era cuando yo, mocita de cerca de dieciséis años, volví del colegio de religiosas de Renada a nuestro monasterio de Valverde de Lucerna. Y volví a ponerme a los pies de su abad. (SMBM 25)
–Me parece, Angelita, con tantas confesiones, que tú te me vas a ir monja.
–No lo tema, madre [...], pues tengo harto que hacer aquí, en el pueblo, que es mi convento
–Hasta que te cases.
–No pienso en ello –le repliqué. (SMBM 27)
10. Una vez que en el confesionario le expuse una de aquellas dudas, me contestó:
–A eso, ya sabes, lo del Catecismo: ‘Eso no me lo preguntéis a mí, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder’.
–‘Pero si el doctor aquí es usted, don Manuel!…
–¿Yo, yo doctor? ¿Doctor yo? ¡Ni por pienso! Yo, doctorcilla, no soy más que un pobre cura de aldea. Y esas preguntas, ¿sabes quién te las insinúa, quién te las dirige? Pues… ¡el Demonio!
Y entonces, envalentonándome, le espeté a boca de jarro:
–¿Y si se las dirigiese a usted, don Manuel?
–¿A quién?, ¿a mí? ¿Y el Demonio? No nos conocemos, hija, no nos conocemos […].
–¿Es que hay Infierno, don Manuel?
–¿Para ti, hija? No.
–¿Y para los otros, le hay?
–¿Y a ti qué te importa, si no has de ir a él? (SMBM 26-7)
11. –¡Déjalos! ¡Es tan difícil hacerles comprender dónde acaba la creencia ortodoxa y dónde empieza la superstición! Y más para vosotros. Déjalos, pues, mientras se consuelen. Vale más que lo crean todo, aun cosas contradictories entre sí, a no que no crean nada. (SMBM 40)
12. ¿Cómo vino a parar a mis manos este documento, esta memoria de Ángela Carballino? He aquí, lector, algo que debo guardar en secreto. Te la doy tal y como a mí ha llegado, sin más que corregir pocas, muy pocas particularidades de redacción. ¿Que se parece mucho a toras cosa que he escrito? Esto nada prueba contra su objetividad, su originalidad? ¿Y sé yo, además, si no he creado fuera de mí seres reales y efectivos, de alma inmortal? ¿Sé yo si aquel Augusto Pérez, el de mi nivola Niebla, no tenía razón al pretender ser más real, más objetivo que yo mismo, que creía haberle inventado? De la realidad de este San Manuel Bueno, mártir, tal como me lo ha revelado su discípula e hija espiritual Ángela Carballino, de esta realidad no se me ocurre dudar. Creo en ella más que creía el mismo santo; creo en ella más que creo en mi propia realidad. (SMBM 54)
The naming of San Manuel: The angel to Joseph: ‘“José, hijo de David, no temas recibir contigo a María, tu mujer, pues su concepción es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.”
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:
“He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.”’ (Mateo 1. 20-23; my emphasis)
God as hen protecting chicks: ‘¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!’ (Mateo 23. 27)
La transfiguración de Jesucristo: Mateo 17
La muerte de Jesucristo: Mateo 27
Lázaro: Lucas 16
Juan 11
© Dr Rosemary Clark, 2003